jueves, 14 de junio de 2007

quién sabe








aviso










esmeralda

estampillas































olvidorial IV

Luego de demasiados intermedios volvemos a tener fuego en el jardín,los vecinos nos recuperan, fundamos y fundimos sucursales.
Tras un paseo por tierra digno de mención establecemos la existencia de nuestros hombres, mujeres, niños y niñas. De vuelta a la mar continúa nuestra canción del abecedario y todavía puede escucharse la risa que dejamos flotando.
Tal vez el fin del nosotros y comienzo del nuestro. Sin comillas ni subrayado.




5


I
Un cierre relámpago. Una raíz lunar intermitente. Menos que un epitafio una claraboya.

J
Recomendación: Remar con ganas mientras la pequeña salvaje no salte al mar, mientras la playa permanece en sueño. Si la pequeña se sumerge y la playa se define entonces dejar que la corriente lleve.

K
Por qué exagerar el valor del mensaje. La comunicación es imposible y de todas formas seguimos mirando a los ojos.

L
Amados y terribles disparates, queridos y temibles amigos. Único inventario posible de la brevedad.

M
Antes de ayer la imagen del autismo era un ideal literario, hoy el desencuentro es deseo literario.

N
Pequeñas gotas de un metal informado, indeciso en su contorno, ramificado en su diseño, atraviesan el aire y calibran la audición. Es tormenta: la silla caída, la pared despintada, la taza en la mesa, la arruga en la cama, el sonido en el aire, el pelo en el agua, el hijo en el vientre, la letra en la sopa, la lengua en la boca, la lengua en la lengua, el cuerpo en la sangre, la tierra en el pozo, el campo en la liebre, la fiebre en los ojos, la nota en la huella, la mano en la mano.


La imagen 5 es ahora la 6


6

En el medio de una gran rebanada de pan un trozo de palta, un iris de gato que deja el rastro de una mordida, la mitad de una ronda de calaveras. Trece jadeantes y pulposas piecitas abandonadas a la misma hora todos los días. Cuerpo y condimento.
Me drogaron. Es más fácil admitirlo que explicar la secuencia. En un lugar de Palermo, por todos conocido, ya que Palermo es todo, la ciudad autónoma de Buenos Aires es Palermo, en esa meca inmobiliaria mi cara se transformó y tuve espirales en la nuca, en un lugar habitual, con rostros habituales me crucé con tres tristes tigres con rugido soundround que desconocían a Borges aunque sabían que quedaba en Palermo, unos segundos después me desvanecí. Una lengua virtual y naranja me atravesó la planta de los pies, algunos órganos y la imaginación, esto último lo sé porque a varios meses del suceso todavía resplandece cada vez que parpadeo. Lo que siguió al desmayo es una historia.
Había una vez un triciclo, una vuelta a la manzana; entre las hojas de ese follaje una bruja respiró. Amor y violencia brotaron por cada una de sus fosas nasales. Animales sobre una geografía de baldosas, un baile vestido una vez más de fuego, personajes ardiendo en la quema de un títere, una vecindad en fuga, una fuga coronada por más fuego. Al desconcierto siguió un relevo, un cambio de territorio y una pulsión. Tatuajes reemplazados por espaldas, espaldas sexuales como la excitación, un roce de costura y yema que endurece sin irritar. Gota que sale del imán. El recuerdo como de un secuestro voluntario y una distancia imprevista en el medio del viaje.
Cuando logré volver en mí estaba en Palermo. Agotado y sin mucha certeza sobre lo ocurrido, la orientación no me fallaba pero los colores estaban casi ausentes, el 39 al que me subí era una papa enorme rumbo a San Telmo (o como habíamos quedado: Palermo, después de la Palermización de Bs. As San Telmo podría ser Palermo 8.). La campaña le agregaba fondo azul al recorrido, la ciudad era un gran spot publicitario, más que nunca, un charco de niebla. En esa superficie la ciudad era un palíndromo, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda el mismo eslogan. En el fondo la lectura era menos formal que urgente, una lámina de detalles articulados. Por la ventanilla podía ver el rayo que cae, una historia de amor y la estructura serigrafiadas en la arquitectura. Mi teléfono vibró en el bolsillo, un mensaje: puedo a las 9 como qedamos. De: María. 19:22 13-jun-07. El reflejo de la ventana me devolvió mi propia imagen, no conocía a ninguna María y mucho menos sabía en que habíamos quedado a las 9, el problema era que tampoco sabía mi nombre aunque si sabía que tenía un nombre y un celular, mi lesión no debía ser tan grave. Una especie de retrospección animal tenían mis ojos, una tortuga en la playa buscaba el mar.