Mostrando las entradas con la etiqueta remate de sombrero. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta remate de sombrero. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de agosto de 2015









no me vengas con esas/ saturnina/en 1713 la compañia inglesa del Mar del Sud fue autorizada a mercadear esclavos en la hoy plaza San Martín de Bs As y sus alrededores/

lunes, 1 de diciembre de 2014

El hombre de las abejas recorre los barrios. Partiendo los huesos de su carne, astilla, machaca y se sustrae del circuito electrónico ciudadano. La transición entre esto y aquello produce imágenes que están fuera de las imágenes. No en el sentido  de fuera de lugar sino en el de fuera de espectro. Un complejo perceptivo tiende a regular jerarquías pero tarde o temprano lo toca el rayo del desconcierto.

La ciudad es una lápida del desierto enterrado que raspa, sacude y desmaya la cara visible de las cosas. En una roca contra el mar  Bruna Toso en el personaje de Mara se revuelve el pelo - mientras unos funcionarios escolarizan a unos niños africanos- esa figura en el aire es una protesta y una seducción. 

El sol actúa sobre el pegamento del libro dejado en la silla, la próxima vez que se abra dará un crujido al momento del tendal. Todavía el sol pega en el lomo cuando el hombre de las abejas asiste sin querer a la imagen de un animal que huye. En una de las hojas que se sueltan puede leerse Hay dos maneras de parar un tren, a la superman y a la Buster Keaton. Arrullen al mar si pueden.

miércoles, 1 de julio de 2009




El material no es una frontera, apenas un sombrero con el hongo hacia el público. En la frase de la intemperie no hay ya dibujo sino más bien un: algo se mueve.


jueves, 25 de junio de 2009


La maquinaria de la publicidad no descansa nunca probando nuevos límites y haciendo crecer su deuda infinita pero en estos días parece estar desorbitada con sus avanzadas políticas y sus promesas. En el apuro de los punteros de marketing podemos ver, entre otras cosas, a Mauricio en silla de ruedas diciendo “no me peguen soy Giordano”, a Néstor y Daniel en su chaleco químico, a un hombre común apretando el botón de destrucción masiva, a un ex-juez disparando a los transeúntes desde el quinto piso, a un amoroso atropellado por una 4x4, a los super amigos y la picana feliz. Algunos de los avisos parecen micro-programas de rehabilitación para los que fuman democracia por diez pesos.

Mi imaginación invita a Oscar Brahim a volver a sus intervenciones públicas. A infectar de lucidez ese territorio imbécil, productivo y aceitado de la propaganda.